Miles de aficionados vivieron una odisea para ver el debut de la Selección Mexicana. Entre vallas, empujones, desinformación y accesos saturados, el inicio del evento estuvo marcado por la improvisación y una organización claramente rebasada.
Sin embargo, todo cambió al cruzar los filtros de seguridad. El Zócalo capitalino se transformó en una vibrante marea verde donde familias y turistas celebraron unidos cada gol ante la pantalla gigante, dejando atrás el desorden inicial.
El Mundial arrancó en la Ciudad de México con una postal histórica: una multitud que, pese a las protestas y los obstáculos, logró imponerse para convertir el caos en una auténtica fiesta futbolera.



