Una vez más, el público del Estadio Azteca demostró tener más entrega que los jugadores. Entre bloqueos, tráfico y los estrictos anillos de seguridad de la FIFA, llegar al estadio se convirtió en un deporte extremo. Pero, al cruzar las puertas, el sacrificio cobró sentido: nada supera el milagro de estar juntos. La afición cumplió...