Más allá de la retórica: ¿Gobernabilidad o gestión de riesgos?
En el acto político que conmemoró los dos años de su triunfo electoral, la presidenta Claudia Sheinbaum articuló un discurso centrado en la defensa de la soberanía frente a la «intromisión extranjera». Más que una política exterior estructurada, esta postura responde a una estrategia de emergencia ante crisis diplomáticas puntuales, utilizada para consolidar la narrativa de su movimiento en lugar de rendir cuentas bajo estándares democráticos.
Programas sociales y el riesgo de la relación clientelar
Sheinbaum proyecta una inversión masiva de 1.3 billones de pesos para programas sociales hacia 2026. Aunque el alcance es portentoso, plantea una tensión estructural: cuando el vínculo Estado-ciudadano se reduce a transferencias directas, se debilita la ciudadanía activa y se fortalece una relación clientelar mediada por el partido oficial. La estabilidad macroeconómica presumida carece de indicadores verificables y de una diversificación productiva real, operando sin contrapesos ni auditorías independientes.
La movilización dirigida desde arriba
La convocatoria simultánea en las 32 entidades del país para defender «el proyecto» desdibuja la frontera entre participación popular y activación de estructuras partidistas. Al llamar a la movilización ciudadana organizada desde el Ejecutivo, se anula el espacio para la deliberación crítica. La subordinación simbólica de Sheinbaum hacia su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, sugiere que la presidenta aún no logra construir una legitimidad propia, lo que limita su capacidad para gestionar disensos y negociar con autonomía.
La brecha entre el discurso y la realidad
El contraste entre el discurso soberanista del 31 de mayo y el silencio institucional de la presidenta ante las evidencias judiciales presentadas en Nueva York sobre vínculos de funcionarios con el crimen organizado es revelador. Mientras en la plaza se exhibe un nacionalismo maximalista, en la conferencia matutina impera el mutismo. No es prudencia, es una fractura entre la narrativa de poder y la capacidad real de respuesta ante riesgos judiciales inminentes.
La erosión de la distinción entre Estado y partido
Al sustituir los mecanismos formales de rendición de cuentas por mítines político-partidistas, el gobierno normaliza la confusión entre Estado, gobierno y partido. El uso de recursos públicos para organizar asambleas informativas y desplegar estructuras territoriales es un síntoma preocupante de la erosión normativa actual.
El desafío del Segundo Piso
La gran interrogante para la administración de Sheinbaum es si el «Segundo Piso de la 4T» priorizará la movilización constante o la construcción de instituciones sólidas. La verdadera prueba de gobernabilidad no reside en la popularidad, sino en la capacidad de transformar el capital político en resultados concretos: reducción de la violencia, fortalecimiento del Estado de derecho y confianza institucional. La diferencia entre la continuidad política y la consolidación gubernamental dependerá de si el gobierno decide gestionar su propia narrativa o enfrentar los problemas estructurales del país.
Sobre el autor
José de Jesús Gómez Valle es analista político y profesor investigador en el CUCSH de la UdeG. Contacto: jose.gomezvalle@gmail.com | X: @jgomezvalle.



